Después de pasar por las máquinas que controlaban el peaje de la autopista E-470 llegamos a Peña Blvd. y desde allí llegamos directamente al monstruoso aeropuerto DIA (Denver Internat’l Airport). Lo cierto es que los aeropuertos nunca han tenido mucho que ver, simplemente sirven para que entren y salgan aviones, pero para mí tienen un encanto especial, no sabría decir por qué, pero es así.
Cerca del aeropuerto hay un montón de hoteles y moteles así que decidimos chequear cual ofrecía el mejor precio y acabamos reservando habitación en el Sleep Inn para las tres noches que yo me iba a quedar en Denver.
Después de reservar el hotel decidimos ir a comer a un japonés. Buscamos uno en internet y acabamos yendo al centro de Denver, en concreto a la 15th Street con la I-25. Comimos francamente bien, aunque ¿en qué japonés habéis estado en el que no se coma bien?
Tras la cena fuimos a callejear un poco por el Downtown de Denver, que por la noche se ve totalmente impresionante con todas las luces de los grandes edificios encendidas (nunca pensé que Denver tuviese un “skyline” tan bonito). Y tras un pequeño paseo por Larimer Street, una calle con luces de Navidad de lado a lado de la calle, nos regresamos al hotel a recuperar fuerzas para el día siguiente.
La ruta del día siguiente nos llevó, por casualidad, hasta el Invesco Stadium de los Broncos de Denver (fútbol americano). Estuvimos dando unas vueltas alrededor de él (nos enteramos que el 12 de junio va a tocar en ese estadio U2) y finalmente decidimos pagar por el tour que nos llevaría por dentro del estadio, era la primera vez que tanto Rosario como yo teníamos la oportunidad de entrar en un estadio de fútbol americano y ¿por qué habríamos de dejar pasar la oportunidad?
En cuanto se acabó el tour nos fuimos directos hacia la 16th Street para disfrutar de esta calle semipeatonal que es un gran mall lineal. Como teníamos hambre decidimos hacer una paradita en el restaurante Bubba Gump (¿os suena?) y comer algunas gambas.
Seguimos con nuestro paseo y éste nos llevó a entrar al Sheraton (curiosidad por ver un gran hotel por dentro) y a disfrutar de la maravillosa vista que nos ofrecía el edificio del Town Hall con sus luces de Navidad mientras enfrente de él observaba en silencio el edificio del Capitolio de Colorado.
Justo cuando decidimos regresar al coche para volver al hotel (a eso de las ocho de la noche) empezó a nevar y ya no pararía hasta después de yo irme de Denver con dirección a NYC.
Al día siguiente Rosario se fue a las 12 de la mañana a Santa Fe con la precaución que una nevada de estas características exige en la carretera (finalmente llegó sin mayores complicaciones salvo al llegar a Las Vegas de New Mexico donde no pudo pasar de las 35 millas por hora). Yo me quedé en el hotel viendo la nevada que estaba cayendo y considerando que aún me quedaba algo de catarro decidí quedarme en el hotel conectado a internet mientras estaba calentito. El único momento en que salí del edificio fue para disfrutar de la capa de nieve que ya había cubierto con una buena capa todos los alrededores del hotel. Momento en que aproveché para hacer mi segundo ángel en pocos días ;)
Mañana saldré, si no cancelan el vuelo, hacia NYC. Veremos cuánto tiempo me tengo que quedar esperando en el aeropuerto.
Por cierto, el hotel en el que me he quedado tiene un servicio gratuito de shuttles que me llevarán al aeropuerto a las 7:45am, es una suerte que el hotel ofrezca este tipo de servicio porque así me ahorro el taxi, que no sé por qué pero estoy convencido que es una pasta lo que cobra.
Mañana veremos qué ocurre.















